HAMBURGO/LONDRES.- Si un paciente tiene la firme convicción del efecto positivo de un tratamiento contra el dolor, realmente sentirá menos dolores. Así lo afirma un estudio realizado por investigadores de la Clínica Universitaria Hamburg- Eppendorf (UKE), de Alemania. Los resultados del estudio son significativos para la terapia de pacientes que sufren dolores crónicos, dijo la directora de la investigación, la neuróloga Ulrike Bingel, en un artículo publicado en la revista "Science Translational Medicine".
Los investigadores sostienen que un tratamiento contra el dolor surte mejor efecto si los pacientes esperan mucho de él. En cambio, si la expectativa es nula o mala, el dolor no se reduce.
En el experimento, 22 voluntarios sanos recibieron durante algunos segundos estímulos de una fuente de calor que les causaba un dolor que iba de medio a intenso; en ese momento se les suministró una infusión de un analgésico de gran efecto (remifentanilo).
En la primera fase del ensayo, los voluntarios no sabían que se les dio el analgésico. En este caso, la intensidad del dolor bajó. Luego, se les confirmó que comenzaría el suministro del calmante; cuando en realidad, ya había sido proporcionado. La sensación de dolor cayó aún más. Finalmente, se les afirmó que se suspendía el analgésico; enunciado que no era verdad. El nivel de dolor percibido subió y fue casi tan alto como antes del suministro del analgésico.
Estos efectos fueron confirmados a través de una tomografía por resonancia magnética, que hace visible la actividad cerebral frente al dolor. "Ahora sabemos que las expectativas negativas frente a una terapia influyen en su éxito y anulan los efectos de analgésicos que en realidad son potentes", concluyó Bingel. (DPA-Especial).
Los investigadores sostienen que un tratamiento contra el dolor surte mejor efecto si los pacientes esperan mucho de él. En cambio, si la expectativa es nula o mala, el dolor no se reduce.
En el experimento, 22 voluntarios sanos recibieron durante algunos segundos estímulos de una fuente de calor que les causaba un dolor que iba de medio a intenso; en ese momento se les suministró una infusión de un analgésico de gran efecto (remifentanilo).
En la primera fase del ensayo, los voluntarios no sabían que se les dio el analgésico. En este caso, la intensidad del dolor bajó. Luego, se les confirmó que comenzaría el suministro del calmante; cuando en realidad, ya había sido proporcionado. La sensación de dolor cayó aún más. Finalmente, se les afirmó que se suspendía el analgésico; enunciado que no era verdad. El nivel de dolor percibido subió y fue casi tan alto como antes del suministro del analgésico.
Estos efectos fueron confirmados a través de una tomografía por resonancia magnética, que hace visible la actividad cerebral frente al dolor. "Ahora sabemos que las expectativas negativas frente a una terapia influyen en su éxito y anulan los efectos de analgésicos que en realidad son potentes", concluyó Bingel. (DPA-Especial).